Armstrong, del mito al timo

Lance Armstrong, Oprah WinfreyTan sencillo como reordenar un par de letras, así, como si nada, hemos presenciado la caída del mito, el descubrimiento del timo. En primer lugar, decir que este no es el último capítulo del serial Armstrong, hemos visto el agujero pero desconocemos el diámetro y la profundidad, cuanta gente va a caer en él esta todavía en duda.

Pero todo esto no hubiera ocurrido si no fuera por un #patrociniodeportivo, en este caso, el del servicio de correos de los Estados Unidos, el US Postal Service, patrocinador principal de equipo de Bruynel+Armstrong en sus años de “dopaje sistemático” y de tiranía mafiosa entre el pelotón internacional. Fiscalizar que se hizo con el dinero del contribuyente americano ha descubierto el mayor fraude de la historia del ciclismo moderno.

Pero el problema del ciclismo viene de lejos y los patrocinadores tienen un cierto grado de culpabilidad. Por fomentar, ayudar, promover, encubrir o permitir el dopaje; algo que esencialmente va contra las normas y los valores del deporte, aquellos a los que se quiere ligar la imagen de una organización. Si el gran activo del patrocinio deportivo son esos valores que transmite el deporte y su impacto positivo en la sociedad; algo que permite que las empresas (habitualmente percibidas como “pérfidas” por el consumidor) se vean afectadas por ese halo positivo que transmite el deporte; es maltratado sistemáticamente por organizadores, equipos, corredores y medios de comunicación es casi imposible que el ciclismo sobreviva.

La fusión de equipos ciclistas o patrocinadores como Liquigas, Geox o Rabobank que han abandonado a equipos ciclistas demuestran el grave daño a la imagen del ciclismo como deporte. Curioso es el caso del banco holandés que afirmó que dejaba de patrocinar en exclusiva a su equipo aunque mantenía la estructura (con “marca blanca”) para esta temporada. El argumento, como no, “la entidad crediticia holandesa lamenta que ya no exista la confianza y que no está convencida que el ciclismo pueda volver a crear un ambiente de honestidad y transparencia.” pero poco después: 12 integrantes del equipo ciclista Rabobank desvelan que “del 1996 al 2012 el equipo Rabobank funcionó con dopaje”.

El ciclismo ha perdido “ambiente de honestidad y transparencia”, o lo que es lo mismo, ha perdido los valores por los que una marca comercial desearía “ligar” su imagen a ese deporte. Pero es obligación de la empresa patrocinadora velar por su imagen de marca y en este caso por la imagen de un equipo que lleve su nombre. Se puede llegar a decir que es Responsabilidad Social Corporativa asegurar que el equipo deportivo al que patrocinamos transmite la imagen que la empresa persigue. Háganlo por contrato, incluyan cláusulas que penalicen gravemente a los tramposos, o háganlo sin perseguir la victoria por la gloria sino el triunfo por el recuerdo positivo esquivando los otros positivos.

Todos los patrocinadores que han fomentado esa competitividad por encima de la transmisión de valores han equivocado el tiro, y lo que para sus gestores debería ser aún peor, han malgastado ingentes cantidades de dinero. Han pagado para que alguien ensucie su imagen y eso dudo mucho que se limpie solo, habrá que volver a pagar, en este caso para limpiar el nombre de su marca y el ciclismo puede hacerlo en la medida que sea capaz de reinventarse en un deporte inmaculadamente limpio, ejemplar y ejemplarizante. 

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